Mi nombre es Robustus Robur, Robus para los amigos. Y tengo el enorme honor de ser el roble de Santa Margarita, barrio muy querido por mi desde mi nacimiento.
Mucho se ha hablado de mí, de mi estado de salud, de mis percances, de los acontecimientos acaecidos bajo mi sombra. Cientos de páginas, decenas de noticias y artículos en los que de una manera u otra yo aparecía como protagonista. Pero curiosamente, a mí nunca se me ha dado la palabra, nunca se me escuchado. ¡Y no será porque no tenga cosas que contar!
Versión en audio (en la voz de Luis, Madrid):
-Me dirás: truncus Robus, es que eres un árbol.
-Sí, lo soy, y uno de los singulares, de los grandes, de los que hay pocos. Y ser árbol no impide que pueda comunicarme. Mis hojas, cuando no estoy calvo, hablan con la luz del sol. Mi tronco y mis ramas absorben la humedad y el agua. Con mi envergadura miro al cielo, desde cerca, y dialogo con las nubes. Con el viento me comunico balanceando mis ramas y creando remolinos de hojas, que viajan aquí y allá, y me trasladan a otros mundos. Y con mis raíces, me estiro y me agarro al suelo con fuerza, buscando bajo él todo lo que esconde y me da la vida.
Sí, querido amig@. Soy Robustus Robur, un árbol con historia y con infinidad de historias para contar. Soy viejo y mi estado de salud es muy delicado. Necesito cuidados y los necesito lo antes posible. Pero llegue o no mi hora de partir, quiero contar lo que he vivido y que los que lo han vivido conmigo también cuenten su parte. Habrá veces que mis historias serán todas ciertas y otras en las que la memoria me falle y cometa algún gazapo. Pero ¡Qué vas a pedir a un vejestorio de más de 500 años!
Recibe un abrazo muy frondoso.
Robustus Robur



