El pasado martes, el suelo del antiguo mirador de Monteporreiro tembló. Decenas de criaturas se reunieron allí para desbancar del trono de los árboles a la Reina Acebo que, encarnada en una mujer rubia de regio porte, con su gélida mirada derrotaba, a todo aquel, que moverse en su presencia osaba.
“La batalla de Litha”, como se llamó a tal peculiar evento, fue una lucha de grandes guerreros, para ayudar a este árbol viejo. La reina de invierno había enviado un gorgojo que, con artes de boxeador, retó a todos los clanes a duelos. Algunos salieron airosos y otros, un tanto tramposos, derrotaron al ágil gorgojo, como los humanos a los piojos.
Los nueve clanes allí reunidos cruzaron por el paso de un río sembrado de cocodrilos y pirañas, que sólo ante el sonido de los cantares atronadores de los jóvenes luchadores, calmaron sus ansias devoradoras. Cronos, Guardián de la Rueda del Tiempo y el Equilibrio, también tuvo algo que ver, pues era difícil que, sin él, pudieran esas criaturas lograr tal hazaña.
Ascendieron río arriba en una barca mágica que, debido al encantamiento de una hechicera sirena, boca abajo yacía en el agua. Llegaron a un tramo de islas sembrado que, parecían una salvación, pero que desaparecían por el influjo de cuatro traviesos trasnos, que cantaban y cantaban y luego paraban, y con su silencio a las islas hacían desaparecer.
Los valientes seres del bosque tuvieron que atravesar un desierto para rescatar una de mis agallas que, a su suerte, la Dama de los Pies de Cabra, había decidido abandonar. Y tras dejar su influjo, salvaron a mis descendientes que, atrapados en un pozo hechizado por la Bruja de los Dientes Verdes, luchaban como titanes para no ahogarse y pasar al más allá.
Alcanzaron las fuentes de San Juan y allí encontraron al trasno Xoana, que les dijo que, para evitar todo mal, juntaran en un cubo las hierbas con las que, en el solsticio de verano, los humanos se han de lavar.
Cuando ya estaban llegando, tuvieron que rescatar a otros de mis vástagos que, atrapados por el hechizo del Hada del Bosque, de una enredadera encantada no se podían separar. En la silla de la reina, llegaron casi a descarrilar, por el hechizo de la Rávena de la Puesta de Sol, que a un tronco talado había abandonado a uno de mis retoños.
Después de un viaje tan ajetreado llegaron los clanes de fantásticos seres a un acuerdo final, que colocó a este viejo en el trono de los árboles, hasta la Navidad. Si ahí llega mi maltrecho tronco, volveré a ver a la Reina Acebo gobernar, pues nosotros los robles en invierno enmudecemos, y ella, muestra un manto rojo y verde de belleza sin igual.
Aquí acaba el relato de hoy, no sin antes enviar un verde abrazo de agradecimiento a l@s Legromantes, Sumicios, Píntegas, Vedoiras, Diantres, Olláparos, Xancios, Lobishomes y Alicornos, que tan noblemente defendiendieron mi causa. A Verdedama y a Cronos, Guardián de la Rueda del Tiempo que, sin su intervención, el elquilibrio de los árboles seguiría en peligro de extinción. Y a la “Meiga dos dentes verdes”, la “Dona de pés de cabra”, los “Trasnos del Lago encantado”, la “Serea moura do Lago mágico”, la “Fada do Bosque de Cons”, el trasno “Xoana dos camíos”, y la “Rabena da colina da posta de sol”. que aunque trampas pusieron a los clanes, entreñables aunque traviesos, seres del bosque son. A la Reina Acebo y su aférrimo luchador el Gorgojo Ralo, mi enhorabuena por tan feroz lucha, pues duros y disgnos adversarios para este árbol son. Y a Marisan, la Escribana Errante que, de su fiel peludo y risueño compañero de cuatro patas acompañada, plasmó lo ocurrido, y la paz alcanzada, tras tan épica batalla.



