
Soy un árbol con mucha suerte, porque desde que tengo memoria, siempre he estado rodeado de buenas gentes. Pocos han sido los que han querido terminar con mi vida y muchos los que me han defendido y hasta profesado admiración. En los 500 años de este tronco se han detenido aquí cientos de miles de personas. Por lo que, aún teniendo la casa más grande del mundo, sería imposible reservar un espacio para cada uno de ellos. Por ello, únicamente veréis en estas paredes a unos pocos, sirvan como representantes de la maravillosa gente que me protege y rodea.





