Mi hija alcoyana de adopción

Esta semana, Piedade, una de mis hijas más pequeñas, dejó este barrio nuestro para viajar, como hoja que lleva el viento, a muchas leguas de este tronco viejo.

Mi pequeña fue subida a un carruaje, de cuatro negras ruedas, y una velocidad más grande, que la de un jabalí muerto de hambre. De un amanecer a otro, recorrió la península, y del húmedo noroste, llegó a su nuevo hogar, en el cálido sureste.

Su viaje a tierras valencianas recordó a este anciano, el realizado por un caballero, que cuando era yo joven roble, sus hazañanas inundaban aldeas y casas nobles. En boca de ardillas, que en aquellos tiempos, recorrían Castilla, saltando de rama en rama, llegaban las azañas que los juglares repetían hasta decir basta.

Disfrutaba este roble con las andanzas del caballero al que “campeador”, “batallador” y “Cid” llamaban. Decían los cantares, que al lado de mi esbelto tronco se escuchaban, que a un corcel de nombre bavieca montaba, y que en bravura y valentía nadie le ganaba.

Su leyenda se transmitía entre los humanos gracias a cientos de carballos, que aportaban la tinta de sus agallas, para que quedara en la memoria, las de aquel, que Valencia había recuperado.

Este abuelo que, tantas historias guarda, recuerda también aquella lana, que tanta fama a Alcoi le daba. Era ese aquí un bien muy preciado, pues lo que abundaba en estas tierras, eran las sardinas y la madera de mis antepasados. Con textiles y paños, veía llegar embarcaciones al puerto de Pontevedra, que cuando mi tronco era recta y joven saéta, tenía un trasiego tan grande, como el de las hormigas que tantas cosquillas me hacen.

Entre barrancos, terrenos agrícolas y frutales, vivirá ahora Piedade y si tiene suerte su padre, recibirá pronto noticias de las aves. Y con el cariño y los cuidados de estudiantes y docentes, crecerá fuerte, y esparcirá la estirpe de este que habla, por la costa valenciana y la ciudad de los puentes.

Mucho le gustaría a este anciano, que dentro de 500 años, dijeran de Piedade: “Es la hija de aquel roble gallego, cuya leyenda decía, que al menos 1000 años tenía”.

Despido este relato, enviando un frondoso abrazo de árbol, al IES Pare Vitoria (de Alcoy), en el que Piedade estará en muy buenas manos de humanos.

Robustus Robur