
Pertenezco a la familia de los Quercus Robur. Soy un roble caduco y debido a ello, luzco diferente según la estación del año en que me encuentres.

| En invierno permanezco dormido y desnudo. Mi estructura y mis ramas se muestran en toda su esplendor. Surgen mis arrugas, mis oquedades y alguna agalla, que perezosa cuelga, de las pequeñas ramas. Parezco una saeta que mira al cielo y es en estos meses, en los que más claramente enseño, la envergadura y tamaño que tengo. Ver | En primavera despierto. En abril , antes de florecer, hojeo. Después me cubro de racimos de florecillas diminutas de color amarillo intenso, que me hacen parecer una postal, de un jardín de lejano oriente. Las hojas tiernas y vigorosas llenan todas mis ramas, y en seguida los insectos, buscan dónde construir sus agallas. Ver |
| En verano soy el rey. Mi majestuoso manto verde se yergue desde las ramas más bajas, hasta el cielo. Luzco en todo mi esplendor, como elefante o león. El sol me hace brillar. Y desde lo más alto de mi copa, entre mi corona de millones de hojas, se oye a los pájaros cantar. El cielo del oeste, de un amarillo cada vez más rosado, con mi oscuro tronco contrasta y un esplendoroso ocaso, deja ver. Ver | En otoño soy dinámico y movido como molino. En octubre disemino a mis retoños. Algunos caen al suelo, otros vuelan con el arrendajo, que a muchas leguas de estas tierras, su camino detienen, y en el anonimato brotan, lejos de la noble estirpe de su padre. Entre mis hojas se generan un revuelo. Pierden su color verde, y de anaranjado color de otoño, vuelan lejos, y dejan desnudo a este viejo. Ver |
| Entre el solsticio de verano y el solsticio de invierno dura mi reinado, y en esos dos días de especial significado, leños de carballo, alimentan los fuegos sagrados. |
| Somos los robles, desde hace tiempo venerados, y en las religiones paganas de hace cientos de años, con los dioses Zeus o Júpiter, éramos identificados. Pues a diferencias de hoy, seres como yo, divinidades eran considerados. |


